
Por Julio César González Pagés
El Proyecto "Cultura y paz" rindió homenaje a la coprotagonista de la primera boda entre dos personas del mismo sexo en Cuba, en una velada donde el apagón no pudo apagar la voz de Milada Milhet ni el espíritu libertario de 1819.
La Habana, 16 de mayo de 2026.- En la tarde del sábado, la Sala “Fresa y Chocolate” del Vedado habanero se convirtió en un puente tendido entre La Habana y Baracoa, entre el siglo XIX y el presente, entre la memoria y la celebración. Allí, el Proyecto “Cultura y paz” -que articula a la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM) con el auspicio de las Embajadas de Suiza y Canadá- ofreció un homenaje íntimo y sonoro a Juana de León, la mujer baracoense que el 11 de agosto de 1819 protagonizó junto a la cirujana suiza Enriqueta Favez la primera boda entre dos personas del mismo sexo registrada en Cuba.
El encuentro, concebido como antesala del Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia, tuvo como anfitriona musical a la cantautora baracoense Milada Milhet, quien desde su peña habitual se sumó a la convocatoria. Cuando el apagón irrumpió en la sala, Milhet no se detuvo: a capela, sin más instrumento que su voz, interpretó “Es Baracoa”, y el espacio se llenó de una energía que los y las artistas presentes -poetas, músicos, juglares- convirtieron en un espectáculo inolvidable, pese a las circunstancias.
“Logramos un espacio mágico para conectar con Baracoa y uno de sus personajes más controversiales”, compartió el equipo organizador. La velada fue, en efecto, un acto de justicia poética: traer al presente la historia de Juana de León y Enriqueta Favez, dos mujeres que desafiaron las convenciones de su tiempo y cuyas existencias representan un temprano y radical reclamo de derechos humanos.
Como gesto simbólico, la RIAM obsequió a Milada Milhet la última edición del libro Favez (Valencia, Ediciones SELVI-Quisi), un ejemplar que condensa la investigación sobre aquella cirujana que ejerció y amó en Baracoa disfrazada de hombre, y que al ser descubierta fue sometida a un juicio que la historia, siglos después, se encarga de revertir.
La tarde del sábado dejó una certeza: cuando se apaga la luz, otras voces se encienden. Y la de Juana de León, doscientos siete años después, sigue hablando.
“Prohibido olvidar, todos los derechos para todas las personas”.